
Al cabo de una hora, seguía en el mismo trancón. Había avanzado unas pocas cuadras, cuando de pronto se le acabó la batería al aparato. Mierda¡¡¡ …..Que cuadro tan desalentador……bueno, por lo menos iba sentado.
Al final, me puse a reflexionar sobre las vicisitudes y causas de aquella ya normal circunstancia, y me prometí compartirlas y publicarlas posteriormente. So….., de aquellas horas de un profundo ensimismamiento reflexivo acerca del transporte en Bogotá, surgieron las siguientes consideraciones:
1. El Efecto Chevy-Plan : Así llamo yo a aquella avalancha de jóvenes (mis contemporáneos) recién egresados, sin mayores obligaciones en la vida, emprendores (hmmm), talentosos (¿??) y que están recién ingresando al mundo laboral. Tal panorama no puede ser más claro.. “soy joven, puedo endeudarme, voy a comprar un carro”. Estos individuos se caracterizan por no tener una verdadera orientación en la vida (allí me incluyo), y que por pasar el rato y distraer su propósito existencial, se compran un vehiculo ya sea para a) chicanear b) sacar a pasear al perro un viernes a las 6 de la tarde, porque sea como sea tienen que mostrar el carro c) obligarse con algo…… es preferible pagar una cuota crediticia que despilfarrar el dinero. Sin embargo, estos personajes no tienen en cuenta que toda acción trae su consecuencia. Si todos actuamos como ellos, el caos será inevitable, pues el fenomenal alud de vehículos causado por la “goma” (excusarán el término, no encontré uno mejor) de tener carro, y que entra a circular por las mismas vías reducidas, generará un inextricable traffic jam.
2. Bogotá y su diseño: nada que hacer, Bogotá tiene diseño de pueblo. Las desastrosas obras de ingeniería chibcha como la Jimenez, la Caracas, la décima ó la 127 son la muestra de la poca capacidad de perspectiva y planeación que tenían nuestros dirigentes de antaño. La visión de personas como el dictador Rojas Pinilla, (que en su época, años 50, decidió construir el Aeropuerto ElDorado en unos potreros lejanos –recordar que Bogotá en aquella época no pasaba del centro) se fueron diluyendo, para dar paso al ingenio de obras inmediatistas y apaga-fuegos. Lo último decente que se construyó fue la 26 y las Américas.
3. La epidemia de excusas: Bogotá (y toda Colombia) está llena de gente mala, personas realmente perversas. Debido a nuestra animalidad y falta de educación, deambulan por ahí los iguazos y los traquetos. Los primeros son unos indios cafres sacados del monte; a los segundos los llamaría “burros con plata”. ¿Que característica tienen en común? Sus ínfulas de “ser unos aviones”. Viven con sus pretensiones de “es que yo no soy ningún gue&%&…..pasémonos el semáforo en rojo”, “yo parqueo donde se me da la gana”, “voy a cerrar a aquel otro porque me miró mal”. Su respeto por las normas es mínimo, y debido a sus actividades económicas y sus generosas fuentes de ingresos, han llenado la ciudad de costosas 4x4, el peor ataque contra la movilidad en una ciudad.
4. La explosión demográfica: Bogotá seguirá siendo vista como la ciudad de las oportunidades (hmmm) en el país. Seguirá atrayendo habitantes de otros lugares que están en procura de condiciones más dignas de vida. Esto crea ciertas presiones que sobrecargan a esta jungla de cemento donde cada cual lucha por lo suyo. Y Bogotá, en vez de crecer hacia arriba, crece hacia la periferia, debido a un fenómeno de terciarización de la economía, donde los antiguos habitantes de sectores tradicionales debieron incursionar en la economía local (sucumbieron ante las presiones de la economía global de mercado) convirtiendo sus casas en negocios. O en el peor de los casos, cediendo sus propiedades a industrias y empresas consolidadas, obligándolos a buscar vivienda en los alrededores de la ciudad. Ello genera un monumental flujo diario de entrada y salida de vehículos hacia el interior de la ciudad, que con sus vías precarias, en mal estado, y pequeñas, llevan al colapso de la movilidad.
5. La planeación de las obras: con este payaso de alcalde que tenemos, media Bogotá se encuentra bajo construcción. Por todo lado se pueden visualizar bandas amarillas y lonas verdes ancladas en el paisaje urbano. Algunos dirían “bueno, al menos están invirtiendo los recursos”. La situación no es tan sencilla por las siguientes razones:
a) No se puede llegar a romper calles así no más. Es bien sabido que en la gestión de modelos de desarrollo urbanos, las obras deben hacerse gradualmente para no generar cuellos de botella. Ello implica que si intervengo una calle, las que la rodean deben permanecer funcionando para contrastar el represamiento de flujo vehicular. Pero no, aquí en Bogotá intervienen la 100 con 15, y a pocas cuadras están interviniendo la 92 con 15 y algunas calles abajo de la autopista norte (precisamente allí fue trancón donde me quedé atrapado).
b) He notado (y esto es algo preocupante) que están interviniendo lugares que no necesitaban atención prioritaria. Por ejemplo, la “oreja” de la Av. Boyacá con Primero de Mayo ó la glorieta de la Av. Primero de Mayo con Cra. 50. Aunque no estaban perfectas, estaban en condiciones óptimas de uso. Y lo peor es que llegan los obreros, rompen el asfalto y dejan las obras abandonadas un mes a su suerte. Muy seguramente esto hace parte del carrusel de contrataciones de la actual dirigencia distrital.
Bueno, como la idea es generar crítica constructiva, he aquí las soluciones que sugiero (abiertas al debate público) –nótese que para dar cierta claridad a la exposición, haré las sugerencias en el mismo orden correspondiente a cada uno de los factores enunciados jajajaja:
1. Desincentivar el uso del carro: la mejor medida que se puede hacer para contrarrestar el efecto chevy-plan es aumentar los costos de uso de un vehículo. Estoy totalmente de acuerdo en que le suban al valor de la gasolina, al valor de los parqueaderos, los seguros, los impuestos, los repuestos, los insumos, mantenimientos, eliminar las bahías de parqueo, en fin……..todo lo que incumbe a la propiedad de un vehículo. Con ello, sólo las personas que realmente lo necesitan y que pueden sostener su uso diario tendrán carro y lo usarán.
Algunos podrán sostener que estos pensamientos son retrogradas con el argumento que si la modernidad, el desarrollo y la estructura productiva me permiten tener un vehículo para facilitar mi desplazamiento en mi sitio de residencia, ¿por qué no hacerlo? A ello respondería fácilmente “hermano, así es la vida”. A problemas complejos en situaciones de crisis, soluciones radicales. Además la toma de una decisión de gran escala siempre afectará a muchos. Pues nada que hacer, que se acostumbren. Así fue como cuando se impuso el pico y placa para todo el día, mucho se quejaron pero era una decisión que debía tomarse. Ya me imagino a aquellos niños y jóvenes del comercial de Chevyplan sufriendo por pagar las cuotas del carro y mantener el gasto que él implica….. jejejjjeje¡¡¡¡
2. Frente al diseño de Bogotá no hay mucho que hacer. De pronto demoler toda la Caracas y los predios de su alrededor. Pero no creo que sea una opción muy viable.
3. Hagámosle caso a Pirry. Esta es una cuestión más de conciencia y cultura. Es algo inherente en las formas de actuación como personas. Algo en lo que habríamos avanzado mucho si Mockus hubiera sido elegido presidente. Y creo que aquí está el punto clave de todos nuestros problemas: si no hacemos algo para educar y concientizar a este pueblo, seguiremos rodeados de personas malas que quieren imponer su propia ley.
4. Aunque la solución requiere una decisión tomada desde un mayor nivel de jerarquía –el legislativo-, lo ideal sería la implementación de políticas de natalidad, pero que sean verdaderas políticas restrictivas -1 hijo en zona rural, máximo 2 en zonas urbanas-. Con ello, la bomba de pobreza podrá detenerse por un tiempo. Y en esto soy muy radical…..como diría Vallejo: “junta un pobre con una pobre y tendrás 20 pobres”. Suena mal, ok, no podemos juzgar a una persona que no ha tenido las condiciones propicias de formación y desarrollo como personas, así que volvemos a lo mismo: la educación es la clave. Hay que educarnos, hay que educar al pueblo.
5. Debemos movilizarnos como ciudadanía para que Samuel se desmovilice de la alcaldía. Hay que acabar con la ineptitud en las obras de la ciudad, y con ese carrusel de corrupción que está socavando a la ciudad.













